¿Necesitas algo que te de alas? ¡Recupera tu energía!

 

El flujo de energía mundial está bajando. Creo que es algo evidente. Solamente hay que observar un poco mientras vas caminando por la calle, o mientras tomas algo en una cafetería.

Párate a escuchar una conversación:

– Qué cansado estoy hoy, no he dormido nada.

– Hoy ponme un café triple, que no puedo ni conmigo.

– Estuve hasta las tantas sin pegar ojo.

– Ayer terminé de trabajar en el ordenador a las 02:00 de la madrugada! Hoy quiero dosis extra de cafeína para llevar, que me tengo que ir corriendo a buscar un paquete a correos, recoger a la niña, hacer la compra, estudiar un par de temas para el examen, entrenar, currar…, y comeré cualquier cosa rápida de camino al curro en el bus.

Frases como éstas se han convertido en algo más que habitual.

Cada vez hay más gente cansada en el mundo. Me resulta muy curioso, cuando cada vez gozamos de más comodidades para no estarlo.

Pero lo que también es curioso, es que tan sólo con leer lo escrito hasta ahora, ya tengamos muchas de las claves para darle la vuelta a esta terrible situación.

Vivir sin energía pesa. Tu propio cuerpo te pesa una tonelada.

Vivir sin energía es vivir con sueño a todas horas, cansado para hacer las cosas que te gustan, para jugar con tus hijos, para entrenar, para salir a divertirte, para hacer las cosas que debes hacer…

Probablemente la energía (el sentirse vital), sea el bien más preciado del hombre. Lo sabes cuando te falta (una cosa más para apuntar en la lista de cosas que no apreciamos hasta que nos falta, ¿no?).

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Necesitamos energía para movernos, para hacer las tareas del día, para entrenar, para jugar…, pero también para pensar, para concentrarnos, para hacer frente a las dificultades de la vida, para luchar contra las infecciones, para que todo funcione bien, para regenerarnos… Sin energía, la vida no mola tanto.

Durante las horas de luz, el cerebro y el sistema músculo-esquelético consumen la mayor parte de la energía y durante la noche, la energía se consume para que trabaje nuestro sistema inmunológico y la termorregulación, es decir, nos regeneramos, luchamos contra las infecciones, etc.

Es por esto que, la falta de energía se convierte en un círculo vicioso del que es difícil salir. Sin energía me siento cansado, entreno peor y con malas sensaciones, no me concentro en el trabajo, no soy capaz de prestar atención plena a lo que estoy estudiando, me supone un esfuerzo tremendo atender los requerimientos de mis hijos…, y además a las noches no soy capaz de regenerarme bien y mi sistema inmune estará debilitado para afrontar posibles virus o infecciones, por lo que me despertaré sin estar descansado para hacer frente a un nuevo día.

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Pero todo esto no sucede de un día para otro. Es un proceso en el que juegan muchas hormonas y sistemas de nuestro cuerpo. Por lo que para solucionarlo, habrá que volver a ordenar todas las “fichas” que forman parte del juego. Es importante lo que comes y lo que no comes; lo que te mueves y cómo y cuándo te mueves; lo que trabajas y a qué horas; el estrés y cómo lo gestionas; lo que te exiges y lo altas que estén tus expectativas…

Y entonces, ¿por dónde empiezo?

Aunque ordenar este puzle va a ser una carrera de fondo en la que habrá que ir despacito, la respuesta es sencilla: Todo empieza durmiendo.

El sueño, las hormonas y el reparto de la energía son jugadores de nuestro equipo en esta partida.

Como os contaba al principio del post, la energía se reparte para cubrir distintas necesidades de nuestro cuerpo.

 

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Pincha aquí para leer el artículo del crack Pau Oller, donde te explica genial todo esto 😉

 

Al amanecer, coincidiendo con la salida del sol, empiezan a subir los niveles de cortisol, llegando a su punto máximo entre las 6:00 y las 8:00 de la mañana.

Al atardecer, cuando llega de la oscuridad, empiezan a subir los niveles de melatonina, y llegan a su punto máximo entre las 2:00 y las 4:00 de la mañana.

Estos cambios hormonales son los que ayudan a activar los cambios en los sistemas de utilización de energía, de manera que durante el día, la mayor parte de la energía se pone a disposición del Sistema Nervioso Central y del sistema muscular y durante la noche, la mayor parte de la energía se pone a disposición del sistema inmunológico y de la termorregulación (para que no nos quedemos congelados durante la noche mientras estamos en reposo).

 

Seguro que has escuchado más de una vez hablar sobre las fases del sueño. Mientras dormimos, pasamos por distintos ciclos en los que se van alternando las fases REM y No-REM.

Durante la primera mitad de la noche, cuando la melatonina está más elevada, es cuando pasamos más tiempo en las etapas más profundas del sueño No-REM, y hay menor tiempo de fase REM. La energía va destinada al sistema inmunológico y nos permite repararnos (hormona de crecimiento elevada), o afrontar la lucha contra patógenos (por eso cuando estamos enfermos, la fiebre sube al atardecer y empieza a bajar al inicio del amanecer).

Durante la segunda mitad de la noche, aunque seguimos durmiendo, el incremento de los niveles de cortisol favorecen un mayor consumo de energía por parte del cerebro, pasamos más tiempo en fase REM y en las etapas menos profundas de la fase No-REM. El sueño es más superficial y nos podemos despertar con más facilidad.

Si comprendemos la forma de funcionar de los procesos corporales, entenderemos que  las personas que pasan menos tiempo en las fases profundas de sueño, se sientan más cansadas a la mañana, como si no hubieran descansado durante la noche pese a haber dormido muchas horas. Se pueden levantar fatigados, cansados e incluso doloridos, porque su cuerpo no ha pasado por la fase de regeneración el tiempo suficiente.

 

 

Todo esto, sumado a malos hábitos alimenticios comiendo 2 hojas de lechuga para no engordar, pegándonos palizas sin sentido en el gimnasio para adelgazar aunque no pueda ni con mi alma, autoexigiéndome cumplir con todo en casa, en el trabajo, con los amigos y con los compromisos…, hacen que se cierre el círculo vicioso, generando una fatiga crónica, una situación de tumba metabólica o un flujo energético bajísimo. Estás hecho polvo, tienes que descansar. No hay más.

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Y entonces, ¿qué hago para pasar más tiempo en esas fases de sueño profundo mientras duermo?, ¿a qué botón tengo que darle?

Pues quizá te voy a contar un montón de cosas que ya sabes, pero si estás en esta situación, seguro que son parte de esa larga lista de cosas que sabes pero que no haces. (Así es el ser humano, ¿no?, que nos empeñamos en no hacer lo que sabemos que deberíamos hacer).

Lo primero será intentar regular los ciclos circadianos.

Rutinas que puedo incorporar a mis mañanas:

  • Necesitas luz cuando te despiertes (luz potente, como la que suele haber en el baño).
  • Música, actividad y una buena ducha fría para despertar cuerpo y alma.

Rutinas que puedo incorporar a mis noches:

  • Cuando empieza a bajar el sol, empieza a recogerte. Hay que bajar el tono simpático por las noches (¡¡que no significa dejar de hacer chistes!! 😉 ).
  • Puedes tomar infusiones relajantes (o algún tipo de fitoterapia recomendada por un profesional) para bajar el tono antes de ir a dormir y no abuses de estimulantes durante el día (cafés, bebidas energéticas…).
  • Favorece la relajación apagando las luces artificiales, evitando el móvil, el ordenador o la tablet antes de dormir (utiliza alguna aplicación para cambiar el filtro de tu pantalla), y acostándote a una hora “razonable”.
  • Descansa las horas necesarias.

 

Y además de esto:

Evalúa tu día a día, tu nivel de estrés y el de autoexigencia.

Hacer deporte y entrenar es bueno para la salud, todos lo sabemos y soy la primera en decirlo, pero escúchate bien. Si estás pasando por un periodo de fatiga crónica, quizá sea prioritario descansar.

Localiza el foco que está generando todo esto y busca soluciones para poder salir de esa situación. (Como dice un profesor mío, puedes tomar decisiones, o tomar pastillas, tú decides).

Regular los ciclos circadianos será solo una primera fase para solucionar un estado de fatiga crónica que ha podido ser generado por estrés, por déficit de micronutrientes, por falta de sueño o por el ritmo imparable de una sociedad que quiere correr más de lo que nosotros somos capaces…

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Recupera las riendas de tu vida. Tu salud, tu energía y tu bienestar deberían de ser una prioridad. Porque SÍ, la VIDA con ENERGÍA, ¡SI que MOLA!

 

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